La Obsesión de Alcanzar el Cielo

Los vuelos que hemos realizado en Petén hasta la fecha han estado llenos de alegría y diversión. El clima continúa siendo perfecto, y las sonrisas por parte de los pasajeros y las personas que avistan el globo no cesan de aparecer. Los paisajes siguen siendo bellos, y las experiencias inolvidables. Por otro lado, el tiempo que hemos pasado volando globos aerostáticos en Guatemala nos ha permitido acercarnos a la historia de la aviación y conocer sus orígenes.

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Nuestro globo en Petén

El ser humano ha estado obsesionado con la conquista de los cielos desde que ha existido en la Tierra. Las estrellas, la luna, el sol, la lluvia, y las demás manifestaciones de la realidad que provienen del cielo tenían naturaleza divina para los pueblos ancestrales del mundo, por lo que obtener la capacidad de volar por los cielos significaba la conquista del mundo de los dioses y la posibilidad de absorber su poder. Buscando este objetivo, y no propiamente el poder elevarse sobre la tierra, el ser humano buscó la forma de volar con tanta pasión que todas las formas de arte y literatura expresaron el deseo del hombre de escapar a las ataduras de la gravedad y flotar libremente por los cielos.

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Bosquejo de Leonardo Da VInci de una máquina voladora

Muchas leyendas indican que el conocimiento de los principios de volar existió en algún momento de la historia de la humanidad, y que incluso éstos fueron puestos en práctica en la antigüedad. No obstante, esta preciada comprensión fue perdida, y le llevó miles de años al ser humano poder re-descubrirla. La evidencia documental es numerosa en este sentido, pero la prueba científica de la habilidad del ser humano para desafiar la gravedad ocurrió hace aproximadamente 200 años, con el globo aerostático de los hermanos Montgolfier.

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Piezas ancestrales con forma aerodinámica

Tanto griegos como romanos, hindúes, nativos americanos, chinos y sumerios, entre otros pueblos de la antigüedad, intentaron de todas las formas alcanzar el cielo. Muchos de estos intentos se derivaron de la fascinación por los principios de vuelo ornithomorficos, utilizados por las aves para volar. Los músculos especiales de despliegue que tienen las aves en sus alas las ayudan a aprovechar las características aerodinámicas de sus alas para ganar ascenso. Sin embargo, el ser humano nunca fue capaz de generar la tecnología necesaria para imitar el vuelo de las aves. Ahora parece que algunas civilizaciones ancestrales se dieron cuenta que, capturando el humo que salía de las fogatas, era más probable lograr elevarse sobre el suelo que intentar imitar la compleja estructura muscular de las aves.

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El barco volador de De Lana-Terzi

En occidente, fue hasta 1670 que un sacerdote jesuita italiano, Francesco de Lana-Terzi, propuso formal de un globo flotante. El diseño del italiano era un barco de madera levantado por 4 esferas de cobre, que debían de ser evacuadas absolutamente de aire, para que pesaran menos que éste. Aunque su invento no fue exitoso, resonó en el mundo científico su idea de flotar en el cielo en lugar de aletear en él. A lo largo de los años siguientes se presentaron diversos modelos de globos de aire caliente que nunca tuvieron éxito, pero fue hasta 1783 que los hermanos Montgolfier pusieron en el aire el primer globo aerostático tripulado, y dieron inicio a la era de la aviación en el mundo.

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Historia de los Globos: Volando Fuera de Francia

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Lunardi despegando en su globo, mientras más de 100 mil personas lo avistaba

El 15 de septiembre de 1784 se llevó a cabo el primer vuelo en globo aerostático fuera de Francia, en Londres, Inglaterra, 10 meses después del éxito que habían tenido los globos aerostáticos en París. Un diplomático italiano, Vincent Lunardi, despegó de las tierras de la Honorable Compañía de Artillería con un globo que contenía 18,200 pies cúbicos de hidrógeno, a la vista de más de 100 mil personas, incluyendo el Próncipe de Gales. El vuelo duró 1 hora y 40 minutos, recorriendo aproximadamente 20 kilómetros de distancia.